¡Evacuad Teruel!

Transcribimos la entrevista realizada por la Librería de Cazarabet a nuestro autor Antonio Peiró Arroyo el 20 de julio de 2014.

Cazarabet conversa con…   Antonio Peiró Arroyo, autor de «¡Evacuad Teruel! La odisea de 12.000 turolenses durante la Guerra Civil» (Comuniter)

Comuniter Editorial de Zaragoza nos acerca a Teruel, la capital y a su evacuación durante la Guerra Civil Española;  porque si bien la capital de esta provincia aragonesa fue conocida , desde la contienda , por tratarse de la única capital de la República reconquistada por los republicanos a finales del 37, después que en  el alzamiento los rebeldes se hiciesen con su poder…y aunque después se volviese a perder…Teruel , escondió muchas historias que se desconocen, quizás porque “tocan” tanto en lo humano y en lo social que , el poder de la dictadura…le diese, como en tantas otras cosas, por poner un tupido velo sobre ella ( nos referimos a la historia que rodea la reconquista de Teruel). Por eso, Teruel existió y existe y existirá más allá de lo poco que se haya reflejado en la historia….Además, como bien podemos observar y leer desde ejemplos como este libro, cada vez son más las voces que claman por un Teruel retomado por las gentes de la calle y de a pie.

Lo que nos dice Comuniter:
Uno de los aspectos menos estudiados de la Guerra Civil lo constituye la evacuación de la ciudad de Teruel tras la conquista republicana que tuvo lugar a finales de 1937. Menos estudiados, pero no desconocidos, porque es frecuente que quienes se refieren a ella y a la posterior reconquista por las tropas franquistas, hagan alguna referencia (de pasada y sin mayor profundidad) a su evacuación. En el campo rebelde, solo se admitió la pérdida del Seminario (su último reducto defensivo), pero se evitó hablar de caída de la ciudad. Por el contrario, la República presentó la conquista de esta como una de sus acciones militares más importantes, ya que fue la única capital de provincia conquistada en el transcurso de la guerra. Desde que las tropas llegaron a los arrabales de la ciudad, los periódicos republicanos anunciaron que habían entrado en Teruel. Y cuando se produjo la evacuación, muchos periódicos hablaron de ella. Los numerosos libros publicados sobre la guerra apenas recogen noticias sobre la evacuación, salvo la del obispo Anselmo Polanco, pero de la lectura de estas narraciones no puede deducirse que la evacuación afectase más que a un pequeño grupo de personas destacadas. Solo desde los años setenta comenzaron a publicarse algunos testimonios, que ahora se recuperan y completan con abundante información, que procede fundamentalmente de fuentes periodísticas. El gobierno de la República diseñó desde el primer momento la evacuación como el acompañamiento imprescindible de la conquista de la ciudad. La evacuación tenía indudables ventajas para la posterior defensa de la misma. Permitía vaciarla de enemigos (reales y potenciales) y facilitaba las operaciones de abastecimiento. Pero la extraordinaria atención con la que fueron tratados no sólo los evacuados, sino también los prisioneros, obliga a pensar que había algo más: una calculada operación de propaganda. Las palabras del obispo («Tengo sumo gusto en testificar que desde mi evacuación del Seminario de Teruel, hasta mi llegada a la estación de Rubielos de Mora, se me han guardado toda clase de consideraciones y que de corazón agradezco») recorrieron el mundo y, según sus biógrafos, eran reales. En total, fueron evacuadas doce mil personas. Muchas fueron llevadas a las prisiones de Mora de Rubielos y San Miguel de los Reyes, mientras que otras (sobre todo ancianos, mujeres y niños) fueron trasladadas a Segorbe y Valencia, desde donde se dispersaron por toda la Península. Este libro estudia su odisea.

Antonio Peiró Arroyo

Es director técnico de Relaciones Institucionales y Comunicación de la Universidad de Zaragoza, de cuyo equipo de gobierno formó parte entre 1992 y 2000. Dirige la revista El Ebro y ha sido redactor-jefe de Andalán y miembro del consejo de redacción de varias revistas, entre las que destaca Rolde.  Forma parte de la junta directiva del Rolde de Estudios Aragoneses y ha presidido la Fundación Gaspar Torrente para la Investigación y Desarrollo del Aragonesismo. Ha recibido los premios de investigación «Joaquín Costa» (1981, en colaboración con Bizén Pinilla), «Ramón Pignatelli» de la Diputación General de Aragón al mejor trabajo de investigación sobre el regadío (1987), y el Premio de Ensayo e Investigación de la Delegación del Gobierno de Aragón, en su III Edición (2004). Ha publicado una treintena de libros, que pueden agruparse en dos periodos cronológicos: la Ilustración y el primer tercio del siglo XX y la Guerra Civil. Entre estos, hay que destacar Nacionalismo y regionalismo en Aragón (1868-1942) (1981, con Bizén Pinilla), Orígenes del nacionalismo aragonés (1908-1923) (1996), Historia del aragonesismo (1999, coordinador), Autonomía y república. El Congreso y el Estatuto de Caspe de 1936 (2007), Miguel Alcubierre. Testimonio de la emigración y el exilio (2009) y Años de sangre. República, guerra y represión de la UGT en el campo zaragozano (2011).

Cazarabet conversa con Antonio Peiró Arroyo:

-Es verdad, aunque tampoco sea de los episodios sobre los que más tinta se ha derramado, me refiero a la batalla por Teruel capital(lo diferencio del Frente de Teruel) , ésta es bastante conocida y, por desgracia, desconocida…al lado de otros acontecimientos, pero, al menos, hemos podido, poco a poco ir reconstruyendo la historia fruto del trabajo de historiadores y demás..Pero aquello que sí que era mucho más desconocido era la evacuación de la capital con, nada más y nada menos, que unas 12.000 personas. En rasgos generales y para poder  ir abriendo boca a nuestros lectores, ¿cómo fue el acontecimiento?

-Si me permite, hablaré primero del origen del libro. Surge al estudiar la evacuación masiva que tiene lugar en Aragón cuando en marzo de 1938 se hunde la línea del frente y las tropas franquistas ocupan rápidamente todo Aragón, provocando que buena parte de su población huya, fundamentalmente a Cataluña y Francia. La evacuación de Teruel fue inmediatamente anterior y era necesario conocerla, para comprender mejor las fases siguientes. En total, entre diciembre de 1937 y mediados de 1938 abandonaron Aragón 109.000 personas, el 29% de la población de la zona republicana, en la mayor pérdida de población de su historia.

En el caso de Teruel, la única capital de provincia que los republicanos conquistaron durante la guerra, con una ciudad en ruinas y difícil de abastecer, la evacuación se planteó como una operación imprescindible para poder defender la ciudad, y también como una operación de propaganda.

-En invierno, pleno invierno, Teruel capital vivió sus peores horas. Dibújanos, retrátanos un poco aquel escenario…

-La ciudad estaba en ruinas. Al final de la guerra se calculó que una tercera parte de los edificios había quedado reducida a escombros, otra tercera sufrió daños graves y ninguna casa quedó sin daños. Durante los bombardeos, una parte de la población tuvo que refugiarse en cuevas, en parte para evitarlos y en parte porque no tenía otro lugar donde vivir. La ciudad carecía de agua corriente desde hacía varios días y el tifus comenzaba a extenderse. Y, además, era uno de los inviernos más fríos.

-El seminario, ¿fue como una especie de símbolo de resistencia de los franquistas?

-El Seminario era. junto a la Comandancia Militar y el Banco de España. uno de los edificios más sólidos de Teruel; así que no hay que pensar únicamente en una motivación religiosa. Junto a los militares del ejército franquista, en el Seminario se refugiaron muchas personas sencillamente porque era uno de los lugares seguros.

-¿Cómo fueron los primeros días de la evacuación…cómo se fue prolongando la evacuación…cómo fueron los días de camino?.

-La evacuación tuvo dos fases. La primera, hasta el 8 de enero, fue exclusivamente de población civil. La segunda comenzó ese día y duró hasta el 22 de enero: la población civil siguió siendo evacuada, pero salieron también todos los militares franquistas. La evacuación se hizo en camiones militares. Las personas evacuadas iban a La Puebla de Valverde, donde estaba situado el centro de mando militar y civil. Allí pasaban a una oficina de control, donde se revisaban los objetos y el dinero que llevaban y se separaba a los “facciosos” del resto. Los primeros eran trasladados a la prisión de Mora de Rubielos o la de San Miguel de los Reyes, en Valencia, y los demás quedaban en libertad o eran trasladados a Sagunto y Valencia. La peor suerte la corrieron quienes tuvieron que ir a pie, mujeres y niños, porque a las dificultades del traslado se unió el hecho de que sufrieron varios bombardeos.

-Han pasado muchos años, pero todo esto recuerda un poco a lo que fueron las evacuaciones de los Balcanes, o las más recientes en la República Centroafricana, Sudán del Sur o la de algunos países con las revueltas y conflictos internos como Libia, Siria…¿Todas las evacuaciones tienen, por desgracia, puntos de confluencia, ¿no.?

-Hay muchos puntos comunes, pero la evacuación de Teruel tuvo un elemento que la diferenció de otras, incluso dentro de la guerra civil. Desde el primer momento estuvo planificada. La ciudad estaba rodeada por las tropas franquistas, estaba en ruinas, no había comida ni agua, una parte de la población simpatizaba con los franquistas (la inmensa mayoría de los republicanos estaban muertos o huidos). Si se quería defender la ciudad de forma eficiente, la solución más razonable era la evacuación.

Pero, además, esta se planteó como una forma de mostrar al mundo la humanidad de la República: todos los testimonios confirman un trato exquisito hacia los prisioneros evacuados y, por supuesto, hacia el resto de la población. Hay varios testimonios de soldados franquistas que se refieren a lo bien tratados que fueron. Cuando esperaban ser fusilados, recibieron agua y comida y, en ocasiones, tabaco y dinero republicano. Las palabras del obispo Anselmo Polanco, afirmando que se le habían guardado toda clase de consideraciones, parecen ser ciertas, o así lo afirma su primer biógrafo, Amador del Fueyo, en 1941, del que no hay que pensar en simpatías republicanas.

-Se evacuaron, según nos explica el libro, unos 12.000 turolenses…..pero cuéntales a nuestros lectores ¿Qué perfil tenían ellos?.

-Se evacuó a todos los militares y a las tres cuartas partes de la población civil. La idea era vaciar completamente la ciudad. Parece que el único criterio para evacuarles o permitirles permanecer estuvo relacionado con la posibilidad de que entorpeciesen o no las operaciones de defensa.

-Y entre los que decidieron quedarse: ¿qué perfil tenían?

-No hubo alternativa, fueron evacuadas personas de cualquier perfil, incluso las que antes de la guerra simpatizaban con la República (aunque, ya lo he dicho, los republicanos más significados estaban muertos o huidos) o que vivían en barrios de mayoría obrera, como el Arrabal.

-En el libro, te aproximas a varios testimonios, has hurgado en mucha documentación y demás…¿cómo ha sido esa experiencia?

-Lo primero que hay que tener en cuenta es que la evacuación fue sistemáticamente ocultada por los franquistas. El motivo es sencillo: se procuró ocultar a la opinión pública que los republicanos habían tomado la ciudad. Se admitió que habían tomado los alrededores, pero la prensa franquista dejó de informar desde el momento en los republicanos entraron en el casco urbano y solo reconoció la ocupación, muy de pasada, cuando la ciudad fue reconquistada. Así que las fuentes periodísticas franquistas ocultaron totalmente el hecho; solo he encontrado breves referencias en un diario falangista de Zamora. Por otra parte, los archivos apenas recogen documentación útil. El principal instrumento de trabajo ha sido la prensa republicana, que informó ampliamente.

-Punto muy aparte merece, seguro, el hecho del testimonio escuchado, tomado directamente, grabado…, ni más ni menos que el testimonio oral. ¿Qué nos puedes decir?

-He trabajado poco con testimonios directos y mucho con la prensa de la época, de la que he consultado más de ciento cuarenta títulos, que incluyen numerosos testimonios contemporáneos a la evacuación. También, con los testimonios recogidos en libros. Por eso, apenas he buscado testimonios actuales, porque los disponibles eran muy numerosos.

-Nosotros tenemos  el libro en las manos y lo estamos disfrutando y leyendo…descubriendo y redescubriendo muchas cosas de nuestra historia y de la historia de Teruel. En este caso, nos gustaría que nos hablases de dónde fueron a parar los evacuados de Teruel y  cómo fue el tratamiento que recibieron….

-El primer lugar de destino fue Segorbe. Pompeyo García, que ha publicado sus memorias de este periodo, titula uno de sus capítulos “Segorbe invadido de turolenses hambrientos”, y así fue. Luego, muchos pasaron a Valencia, donde se organizaron varias campañas de solidaridad. De allí, se distribuyeron por toda la Península. Muchos se quedaron en el País Valenciano, otros pasaron a Cataluña (y, desde allí, a Francia), pero también a Murcia, a Andalucía a Castilla-La Mancha o a Extremadura…

-Tocas un tema interesante que, últimamente se ha tratado, y bastante, en otros libros, lo de cómo se trató la evacuación del llamado “tesoro artístico”¿cómo fue?

-La evacuación de las obras del Museo del Prado es bien conocida y sobre ella se ha escrito mucho, pero apenas sobre la del resto de la Península y nada sobre la de Teruel. Cuando los republicanos conquistaron la ciudad, el tesoro de la catedral estaba en las cámaras del Banco de España: cuadros, tapices, joyas y objetos de culto, plata y piedras preciosas, documentos… Todo fue embalado, incluyendo los retablos mayores de la catedral y de la iglesia de San Pedro. La primera expedición trasladó 554 pergaminos. Las obras fueron llevadas a las Torres de Serrano, especialmente adaptadas para ello, y al Colegio del Patriarca.

-Mora de Rubielos tiene mucho protagonismo en el paso de los refugiados, en los presos…cuéntanos.

-La prisión de Mora de Rubielos fue reabierta para encarcelar a los prisioneros procedentes de Teruel, unos ochocientos. Algunos pasaron allí pocos días y quedaron en libertad, otros fueron trasladados a San Miguel de los Reyes. Pero no solo había prisioneros, sino que también hemos documentado a otras personas, mujeres y niños familiares de los presos, que fueron alojadas en el primer piso del castillo.

-Háblanos de la acogida de los evacuados en el País Valencià.? ¿-Qué hechos destacarías con más minuciosidad de los evacuados en su estancia en estas tierras?

-El problema en Valencia es que la ciudad había recibido sucesivas oleadas, de las evacuaciones de Córdoba, de Madrid, de Extremadura, Málaga, el Norte… Estaba al límite de sus posibilidades, a pesar de lo cual las autoridades hicieron todo lo posible por acoger a las personas evacuadas. Además, muchas de ellas habían pasado en Teruel toda la guerra y eran sospechosas de simpatías franquistas. En Valencia, hubo intentos de mantener las redes sociales existentes en Teruel, e incluso Izquierda Republicana intentó reconstruir su organización.

-Bueno, Antonio, háblanos un poco, aunque el libro no  trate este hecho histórico, de lo que fue la vida de los evacuados de Teruel, después de la contienda: cómo fue su regreso y cómo fue el repoblar Teruel.

El regreso a la ciudad es, precisamente, el más difícil de estudiar, porque la documentación fue sistemáticamente falseada durante los años cuarenta. Si nos atenemos a los datos oficiales, entre 1930 y 1940 la población de Teruel aumentó un 19%. Había habido numerosos fusilamientos, la ciudad estaba destruida…, pero se afirmaba que la población había aumentado; es increíble. ¿Dónde se supone que vivían? Según estas mismas cifras, la población activa aumentó un 23%. Lo más llamativo es el aumento de niños de primera enseñanza: un 47%…, pero no había escuelas. Las cifras anuales de población son también claramente falsas: por ejemplo, en 1945 la población de derecho aumentó casi un 17% con respecto al año anterior. En definitiva, es necesario un estudio detallado de la vida de la población (la reconstrucción de las instituciones ha sido bien estudiada), pero no es sencilla de realizar.

¡Evacuad Teruel!. La odisea de 12.000 turolenses durante la Guerra Civil.  Antonio Peiró Arroyo
282 páginas      24 x 17 cms.
18,00 euros
Comuniter
Uno de los aspectos menos estudiados de la Guerra Civil lo constituye la evacuación de la ciudad de Teruel tras la conquista republicana que tuvo lugar a finales de 1937. Menos estudiados, pero no desconocidos, porque es frecuente que quienes se refieren a ella y a la posterior reconquista por las tropas franquistas, hagan alguna referencia (de pasada y sin mayor profundidad) a su evacuación. En el campo rebelde, solo se admitió la pérdida del Seminario (su último reducto defensivo), pero se evitó hablar de caída de la ciudad. Por el contrario, la República presentó la conquista de esta como una de sus acciones militares más importantes, ya que fue la única capital de provincia conquistada en el transcurso de la guerra. Desde que las tropas llegaron a los arrabales de la ciudad, los periódicos republicanos anunciaron que habían entrado en Teruel. Y cuando se produjo la evacuación, muchos periódicos hablaron de ella. Los numerosos libros publicados sobre la guerra apenas recogen noticias sobre la evacuación, salvo la del obispo Anselmo Polanco, pero de la lectura de estas narraciones no puede deducirse que la evacuación afectase más que a un pequeño grupo de personas destacadas. Solo desde los años setenta comenzaron a publicarse algunos testimonios, que ahora se recuperan y completan con abundante información, que procede fundamentalmente de fuentes periodísticas. El gobierno de la República diseñó desde el primer momento la evacuación como el acompañamiento imprescindible de la conquista de la ciudad. La evacuación tenía indudables ventajas para la posterior defensa de la misma. Permitía vaciarla de enemigos (reales y potenciales) y facilitaba las operaciones de abastecimiento. Pero la extraordinaria atención con la que fueron tratados no sólo los evacuados, sino también los prisioneros, obliga a pensar que había algo más: una calculada operación de propaganda. Las palabras del obispo («Tengo sumo gusto en testificar que desde mi evacuación del Seminario de Teruel, hasta mi llegada a la estación de Rubielos de Mora, se me han guardado toda clase de consideraciones y que de corazón agradezco») recorrieron el mundo y, según sus biógrafos, eran reales. En total, fueron evacuadas doce mil personas. Muchas fueron llevadas a las prisiones de Mora de Rubielos y San Miguel de los Reyes, mientras que otras (sobre todo ancianos, mujeres y niños) fueron trasladadas a Segorbe y Valencia, desde donde se dispersaron por toda la Península. Este libro estudia su odisea.

Antonio Peiró Arroyo

Es director técnico de Relaciones Institucionales y Comunicación de la Universidad de Zaragoza, de cuyo equipo de gobierno formó parte entre 1992 y 2000. Dirige la revista El Ebro y ha sido redactor-jefe de Andalán y miembro del consejo de redacción de varias revistas, entre las que destaca Rolde.  Forma parte de la junta directiva del Rolde de Estudios Aragoneses y ha presidido la Fundación Gaspar Torrente para la Investigación y Desarrollo del Aragonesismo. Ha recibido los premios de investigación «Joaquín Costa» (1981, en colaboración con Bizén Pinilla), «Ramón Pignatelli» de la Diputación General de Aragón al mejor trabajo de investigación sobre el regadío (1987), y el Premio de Ensayo e Investigación de la Delegación del Gobierno de Aragón, en su III Edición (2004). Ha publicado una treintena de libros, que pueden agruparse en dos periodos cronológicos: la Ilustración y el primer tercio del siglo XX y la Guerra Civil. Entre estos, hay que destacar Nacionalismo y regionalismo en Aragón (1868-1942) (1981, con Bizén Pinilla), Orígenes del nacionalismo aragonés (1908-1923) (1996), Historia del aragonesismo (1999, coordinador), Autonomía y república. El Congreso y el Estatuto de Caspe de 1936 (2007), Miguel Alcubierre. Testimonio de la emigración y el exilio (2009) y Años de sangre. República, guerra y represión de la UGT en el campo zaragozano (2011).

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