Compuesto en cinco partes, este libro, Cruzar la piel del día, tiene una estructura sinfónica, en la que se ahonda en la incertidumbre, primero, y después, en el amor, la naturaleza, el tiempo y la vejez. Pasamos de lo individual al tú, a toda la humanidad y a nuestro entorno: la tierra misma. Todo ello en un proceso que conduce al final, porque somos sombra de la luz. (…)
El poeta hace una declaración de principios: la poesía, que nos permite pensar en libertad, conduce a la incertidumbre. De ahí que varios poemas sean una interrogación. Pero esa libertad da nombre a nuestras sensaciones, sentimientos y entorno. Nos permite pensar y es, sin duda, un combate contra la muerte y la nada. No venceremos, pero damos dignidad a nuestra vida. (…)
En definitiva, Cruzar la piel del día, es un hermoso libro que conjuga la duda y la nada con el amor y la esperanza, y convierte la estancia del ser humano en la tierra en un hermanamiento, en un coro de voces iguales y diferentes.
















