…me he sentido hermanado en estas páginas en las que hay mucho amor, mucha duda, mucho desaliento, mucha esperanza… Una sinceridad a veces descarnada, un entusiasmo del adulto que no olvida al niño que fue, una conciencia madura y reflexiva, con su punto de magia, de solidaridad, de ternura, de desafío. Unos poemas en los que pone sobre la mesa la vida cotidiana con el afán de entenderse a sí mismo y darnos a los lectores pautas para entendernos a nosotros mismos e intentar entender el mundo, o al menos soportarlo.
Si he sido cómplice del autor de este libro mientras lo estaba leyendo, tú también puedes convertirte en cómplice, en coautor; tú también puedes poner tu vida en sus palabras o dejar que estas te la vuelvan a contar como si fuese nueva. Ese es el secreto de la buena poesía, amigo lector, la auténtica alma de la vida. Y es un secreto que no puedes perder.










